A Simona Houda
Saturova
Debería bastar su voz de flauta dulce
de confitura de oboe y clarinete enamorado
navegando en las tempestades de los kyries
y los glorias para acabar con las guerras
del planeta y exiliar la tristeza del corazón
de los transeúntes de la vida
Debería bastar ese recorrido mahleriano
por el pan y los frutos las colinas y las aves
hasta llegar al recinto del amor para que cese
ese odio inacabable que devasta la existencia
y quiebra inmisericorde el resplandeciente
espejo de la lluvia
Debería el toque alegre de las campanas
que brota de la caja mágica de los niños de risa
revestir los caminos del arpegio de las flores
para que la tierra toda reverdezca de mañanas
Debería la insurrección de las trompetas en tiempo
de hosannas derramar sus eternas bienaventuranzas
en el interior de los pasos donde nacen los sanctus
para que los aleluyas irriguen los solares del mundo
Pero no fue suficiente el vuelo estremecido de la música
cercando las cuerdas para luego desatarlas
como creciente de girasoles sobre el dolor de mahler
ni la entrega apasionada sembrada en la tentación
de los acordes mientras los corderos deletreaban
su dios en el arrecife de la eternidad
No bastaron los silencios como intervalos
entre sílabas de viento y fogosidades de cuerdas
ni el corno entristecido entronizando soledades
desde su recinto de suspiros
Mozart trazó el elipsis de su misa en filigranas
de credo sostenido en vocablo interminable
de fagot y fantasía
y mahler derramó su canto de precipicio
en enardecida travesía hasta alcanzar
la resurrección de los nichos
que resguardan la respiración de los días
Y sin embargo al final nos fuimos todos a dialogar
con la noche ya cargada de disparos como
si nada hubiese pasado
Mery Sananes
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