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Poesías Francisco Alarcon otras publicaciones: Bajo un maguey
 

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Francisco Alarcón

Venezuela

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Bajo un maguey



A mis amigos galleros:

con quienes compartí gran parte de mi vida

y con los cuales "por derecho" me siento unido.


Cuando tenía catorce años en compañía de un conocido comerciante de Los Teques, José Palermo, nos dirigimos a Valle de La Pascua para una partida de gallos, previo compromiso con Luis Pulido, de echar no menos de diez peleas a mil bolívares cada una; primer convenio de envergadura que se presentaba en mi vida, coincidiendo la fecha con la celebración de la tradicional feria de La Candelaria.

Estábamos en los albores de la democracia, bajo la presidencia de Rómulo Betancourt.

Aún prevalecía la figura del latifundio tal como lo fue desde finales del siglo XIX, mucho espacio para pocos y nada para muchos, la mejor tolerancia para el campesino era de medianero por continuidad ancestral. El gobierno comenzaba la incipiente Reforma Agraria, ya esbozada por Betancourt en su libro "Venezuela Política y Petróleo".

Al llegar a La Pascua, a media cuadra de la gallera "El Maguey" nos alojamos junto con nuestros gallos en la casa de un anciano muy apreciado, llamado Miguelito Pino, otrora escolta del General Juan Vicente Gómez.

Fueron dos días de duros avatares. En el día había mucha jugada en la gallera y de noche se acentuaban todavía más en las paradas de dados, donde un topo pinto pasaba de diez mil bolívares y un topo todo podía abarcar toda o gran parte de la fortuna de esa delegación de llaneros que confluían en Valle de la Pascua. Las peleas de gallos se casaban con miles de pesos por fuera, dando de a doce, al partir y tapándose al final con los "fuertes a bolívar". Cualquier incumplimiento en una apuesta se consideraba como un deshonor y se pagaba con la vida. Con LA PALABRA se avalaban el dinero y los bienes en juego y ella valía a manera de un documento.

No se hacían ajustes inflacionarios a finales de año, no habían grandes cadenas de supermercados, y las bodegas, almacenes de víveres y ferreterías las regentaban venezolanos.

Los tenedores de libros se desempeñaban como los maestros de nuestra economía y se conciliaba el debe y el haber en forma honesta. En Venezuela se jugaba, pero se trabajaba y bajo un Maguey se ganaba y hasta se perdía la vida.
 

Francisco Alarcón
Abril de 2002

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