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Bajo un maguey
A mis amigos galleros:
con quienes compartí gran parte de mi vida
y con
los cuales "por derecho" me siento unido.
Cuando tenía catorce años en compañía de un conocido comerciante de Los
Teques, José Palermo, nos dirigimos a Valle de La Pascua para una partida
de gallos, previo compromiso con Luis Pulido, de echar no menos de diez
peleas a mil bolívares cada una; primer convenio de envergadura que se
presentaba en mi vida, coincidiendo la fecha con la celebración de la
tradicional feria de La Candelaria.
Estábamos en los albores de la democracia, bajo la presidencia de Rómulo
Betancourt.
Aún prevalecía la figura del latifundio tal como lo fue desde finales del
siglo XIX, mucho espacio para pocos y nada para muchos, la mejor
tolerancia para el campesino era de medianero por continuidad ancestral.
El gobierno comenzaba la incipiente Reforma Agraria, ya esbozada por
Betancourt en su libro "Venezuela Política y Petróleo".
Al llegar a La Pascua, a media cuadra de la gallera "El Maguey" nos
alojamos junto con nuestros gallos en la casa de un anciano muy apreciado,
llamado Miguelito Pino, otrora escolta del General Juan Vicente Gómez.
Fueron dos días de duros avatares. En el día había mucha jugada en la
gallera y de noche se acentuaban todavía más en las paradas de dados,
donde un topo pinto pasaba de diez mil bolívares y un topo todo podía
abarcar toda o gran parte de la fortuna de esa delegación de llaneros que
confluían en Valle de la Pascua. Las peleas de gallos se casaban con miles
de pesos por fuera, dando de a doce, al partir y tapándose al final con
los "fuertes a bolívar". Cualquier incumplimiento en una apuesta se
consideraba como un deshonor y se pagaba con la vida. Con LA PALABRA se
avalaban el dinero y los bienes en juego y ella valía a manera de un
documento.
No se hacían ajustes inflacionarios a finales de año, no habían grandes
cadenas de supermercados, y las bodegas, almacenes de víveres y
ferreterías las regentaban venezolanos.
Los tenedores de libros se desempeñaban como los maestros de nuestra
economía y se conciliaba el debe y el haber en forma honesta. En Venezuela
se jugaba, pero se trabajaba y bajo un Maguey se ganaba y hasta se perdía
la vida.
Francisco
Alarcón
Abril de 2002
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