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EL CANTO MÍO
Nunca me gustaron los cantos
y ahora tampoco, lo hago por necesidad
Quiero decir en decoro de lo que me atormenta y es mi pesar
Habiendo reducido el desatino, y habiendo avanzado un asomo,
aquí estoy con vosotros, para decirles de lo mío y de los demás
De la vida en soledad, de cómo me llegué a acercar con los miedos,
recibiendo alguno que otro beneplácito de bálsamo.
Entre las pocas o muchas cosas que recuerdo están ellos,
mis generosos parientes a los que casi nunca refiero
y que si no fuera por razones formales y nomológicas,
quizás no reconociera, de manera que no interfiriera ninguna lenidad
Fue tanto el aprecio que me prodigaron que llegué al más profundo
ultraje
Ahora lejos de ellos, con mi propio pellejo expuesto a la verdad
prefiero vivir tranquilo y en soledad, si acaso ocurre algún percance,
ya logré alejarme de ellos y borrarlos a casi todos de mi sentido
Que en ningún momento auguro un encuentro cercano
para bien o para mal ya nos alejamos y deshacerlo costará más,
buscar sus bondades de nuevo es como pescar en un albañal.
Canto a los amigos cercanos, cercanos muchas las veces sin razón lo son
Así decimos a todo aquel que ocurre a nuestro encuentro casual
ofreciendo el aprecio frugal y el bien ajeno
Siendo muy pocos los que se acercan una vez habiendo declinado de su
pedestal
Pero ciertamente, uno amigo lo hay, y no precisamente referido
al orden cronológico de cómo fueron apareciendo en la vida
Amigo es el perro y amigo impar, lame y lame y no pide más que su carne
Con los otros no ocurre lo mismo lamen y lamen y piden sangre
Canto a los enemigos, al enemigo lo enaltezco porque lo conozco desde el
comienzo
Son perjuros, avaros, malhechores, se distinguen sin laxitud
Vienen al encuentro te rodean te insultan y tu como a cualquiera
le puedes disparar al codillo o si prefieres en sana paz le tiras del
cabello
O como ingrediente final sin ocultar desgano penetras con una estocada
que bien recibida estará en un lugar certero de manera que no sean ellos
quienes lo hagan, dejándonos el puñal enclavado por largos años
Canto a la Naturaleza, ubérrima, fría, caliente, fresca con su agua
cristalina
bordeada de auroras de esmaltes verdes en contraste con el ocre de su
tierra
Me gusta ella, porque en ella se siembran hasta nuestros despojos
Y de ella renace algo nuevo, aun teniendo distinto organismo, la
Naturaleza se traga
el exánime para convertirlo en retoño vivo y planto, en la entereza de
un árbol,
con sabia que discurre y se riega en toda su anatomía. La Naturaleza es
vida
Irriga vida, maldice la muerte, resiente de ella, y la transforma de
nuevo en sustancia
Canto a la muerte, a ella la admiro, a ella presiento, a ella huelo a
cada minuto,
de ella no me oculto ni me encierro, vive conmigo desde hace ya tiempo
queriendo bendecirme en vida para llevarme todo completo
Amo a la muerte, el trance de lo yerto, que no apesta y se evapora en lo
incierto
sin olores a incienso, sin llantos presientes, entre nubes oscuras o en
campo abierto
Admiro a la muerte, anda sola siempre, es fiel compañera, eterna e
imperecedera
Igual que para Quevedo, “tiene ella mas de caricia que de pena”
Cuando nos entregamos a la impar lisonjera sentimos el respiro final que
nos lleva
a lugares quietos y seguros donde no auguro encontrar a quienes tanto ya
no recuerdo
¡ViVa la muerte! Tuyo soy cierta, complaciente y puntual, ante ti me
inclino y con devoción te espero, con mis resplandores hueros y con los
pocos avíos de mis denuedos.
Francisco Alarcón
octubre 2004
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