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Resplandores Hueros, obra de Francisco Alarcón.
Si la belleza objetiva se manifiesta en las cosas mismas de la naturaleza,
la belleza subjetiva como producto de la imaginación creadora del hombre
será el medio especial por medio del cual Francisco Alarcón (reconocido
poeta venezolano) aborda la poesía en este nuevo riesgo que asume cuando
nos dice que “Voy sin desespero al lugar quieto” y es ahí donde nos
posesiona a todos, cada uno que vamos leyendo sus líneas en este soneto Tu
Rostro, de la última obra:
Resplandores Hueros, en un acto verdaderamente amoroso. Es porque él
está escribiendo desde el cielo para la tierra con la fricción de toda
clase de elementos formales que bien ha expuesto o que maravillosamente
bien ha hecho Américo Martín como prologista de la obra, y donde se
expresan los modos especiales por medio del cual el autor logra, mediante
la palabra, más allá de la verdad, traducir los distintos estados de su
alma y donde podemos ver su función estética, los colores de la expresión
y toda suerte de signos, lo metafórico que me remite a Ruben Darío y lo
lúdico que me remite al Conde de Lautréamont, quien sin admitir su
condición de romántico en sus Cantos del Maldoror, desbordó tanta pasión.
Su alarido en Perú me estremece:
“Los tiempos inconstantes con registros de terror,
así es la patria mía
Ahora que en sus tiempos de malestar, con partos de
sangre y profuso dolor
no ganas ni para el sustento, porque la dirige un dictador
en cualquier lugar los hubo y los hay
Por eso vengo a buscar por momentos la paz amiga
que distingue este lugar, recinto de escaldos
morada de la lírica sin castidad, brillando con esplendor
cuando discurre en la Casa del poeta peruano…”
Es un estado del alma, no quejas, ni gemidos poéticos ni sofismas ni
estados superiores a la soledad. Se trata de cantar al dolor, a la sombra
y por sobretodo a la melancolía. Provocar la ira en el lector como lo
escribió Anonin Artaud, y por esto el poema es amado, quien lo lea se
conmutará, su afrenta más allá de lo invisible nos sugiere el por qué de
su existencia, en un puente hacia la esperanza, ese alarido que bien ha
sabido estremecerme, ese alarido que proviene del fondo de sus nervios
(los del poeta) y de su pulso alterado cuando culmina el poema diciendo:
“Espero parodiar de nuevo, llevo a flor de labio el repaso
que en este país donde tu naciste, tiene casta de helénica poesía…”
Y cuando siento su otra furia, la de Francisco que en Siento tu Furia en
un proceso estética/estética, se gestiona la belleza del absurdo, la
belleza de lo insólito, sólo me queda (un “sólo” que es suficiente) desde
su modo escriturario un estado de gracia y ahí quedo en un proceso de
soluciones imaginarias, con su conducta impasible, directa,
fundamentalmente de poesia enamorada que en Resplandores Hueros son vacíos
cargados, contrastes, que es lo mismo referirse a emociones, a risa con
dolor y supremamente dedicado a la natural disposición del hombre de
elevar su espíritu sobre lo común, y es amando que el poeta, Francisco
Alarcón, necesita expresarse.
“Un corazón que no late
Es como la serpiente
Cuan no traslada su veneno,
A la suerte buena y los desvalidos desvelos
Son de él, su fulgurante esmero
Reconocido por su tácito palpitar”
El libro, primera edición, 2004, (la segunda saldrá en diciembre y la
tercera en febrero del año entrante) de Editorial Vismar, impreso en
Venezuela tiene la excelente participación de Susana Colucci a cargo del
diseño gráfico, pero es que también Susana es sorprendente, y digo que
este es el libro de las traslaciones porque la imagen o el dibujo me
atrapa y me evoca a William Turner con sus maravillosas acuarelas o de los
hallazgos en un juego romántico de luz, colores, armonía y atmósfera.
Precisamente ahí, se está en su obra pictórica con la técnica del pastel
(la que en este caso emplea Susana), llenando el huero del resplandor, con
una sublime carga de actividad reflexiva conjugada con el reto de
Resplandores Hueros:
“Rumbo que no se si seguiré
Veces que no sé si culminaré
No es miedo, son los resplandores hueros
Que cambian mi ruego, son los no sé, que no quiero..”
Y yo le canto al poeta:
“No es miedo, son los resplandores hueros
Que cambian mi ruego, son los no sé, que no quiero..”
“No es miedo, son los resplandores hueros
Que cambian mi ruego, son los no sé, que no
quiero..”
Martha Colmenares
www.marthacolmenares.8k.com
Julio 12 año 2004
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